¿Las Guerras
Ya No Son Como Antes?
Víctor Gálvez Borrel
Lunes 14 de Enero 2008
Guatemala:
Las tropas de la coalición internacional no saben qué hacer para
quedarse.
Al
igual que la temperatura, las estaciones, las lluvias y otros fenómenos naturales que en este
nuevo siglo ya no responden a los viejos ciclos
que conocimos, también la dinámica de la guerra (la actividad más destructiva de la humanidad) parece haber cambiado. Para muestra “dos botones”.
El primero, la guerra
de Iraq. En efecto, aunque la invasión a dicho país concluyó
“oficialmente” el 1 de mayo de 2003 (tras la publicitada victoria de las fuerzas de la coalición internacional liderada por EE. UU. y 40 días de combates
que arrasaron al ejército iraquí), pocos días después
se iniciaba otra guerra, que dura
todavía.
Tal conflicto ha producido
en los últimos cuatro años y medio
(hasta finales de octubre
de 2007) 4,145 soldados fallecidos
(92% de ellos norteamericanos
y dentro del total, cinco salvadoreños), así como 28,171 heridos. O sea, 24 veces más muertes que
durante la invasión inicial.
Además de registrar más muertos después de la victoria que durante
la invasión, esta guerra también se caracteriza por la complejidad de librarse en varios frentes: contra las tropas de la coalición internacional, contra
el gobierno y el reconstruido
ejército iraquí (entrenado y subordinado a las fuerzas invasoras)
y entre la mayoría de musulmanes chiítas (55% de la población) y la minoría musulmana sunnita (18% de la población).
Esto último le da
al conflicto el contorno de
una guerra civil, que había perdonado
a los kurdos (21% de la población) pero que amenaza incorporarlos,
debido al incremento reciente de los bombardeos desde Turquía contra su territorio. Todo ello genera la tercera característica y principal paradoja
de esta guerra: las tropas de la coalición internacional no saben qué hacer
para quedarse, pero tampoco encuentran
la fórmula para irse. Los atentados con “carro bomba” y la toma de rehenes son dos de las principales armas de lucha.
El segundo “botón”
es el conflicto armado interno en Colombia, el más antiguo de América, ignorado y aislado hasta que
en 1980 se hizo inocultable. Al principio, presentó contornos ideológicos propios de la Guerra Fría y de las luchas de liberación
nacional. Enfrentó grupos
insurrectos (el M-19, el ELN, las
FARC, etc.) al Ejército y a contrainsurgentes
(las autodefensas y los paramilitares). Con los años, las
identidades ideológicas y políticas se desdibujaron conforme la guerra se empantanaba y contaminaba con dos
actividades ilícitas muy rentables: el contrabando de armas y el narcotráfico (que han invadido también
ampliamente las esferas estatales).
Muchos afirman que ahora los
grupos alzados que subsisten, lo hacen por tales actividades pues ya no hay ideologías ni relación con los fines políticos iniciales. Aparte del control e influencia sobre territorios y poblaciones (explicable para la producción y comercio de drogas) la toma de rehenes también es una de las
características de esta guerra, única en el continente.
Pero si en Iraq los
rehenes son moneda de cambio para presionar
por el retiro de tropas extranjeras o para el financiamiento de la guerra, en Colombia esta no parece ser la situación, a juzgar por los
poquísimos casos resueltos y el tiempo tan largo
de cautiverio: un promedio
de entre seis y ocho años que
sufrirían los 3,500 o 4 mil
rehenes que se estima, existen actualmente en poder de la
guerrilla. Dinámica difícil
de entender la de esta guerra que se ceba
como todas
en la población civil, pero
en la que capturar civiles no parece servir como en la otra, para canjearlos
directa e inmediatamente, sino para conservarlos,
mostrar presencia, dominio territorial y poder.