Tacaron burro
La victoria demócrata en Estados Unidos le podría pasar una costosa
cuenta de cobro al gobierno colombiano.
By Nelson
Camilo Sánchez*
En la política estadounidense
existen dos emblemáticos animales: el elefante y el burro.
El primero es símbolo del partido
republicano, el de Bush y el candidato
McCain; y el segundo es la bandera del partido demócrata. La historia del borrico viene
desde 1828 cuando los adversarios de Andrew Jackson trataron
de señalarlo como un “asno” por sus
visos de populismo. Jackson, sin embargo, le salió adelante a sus críticos utilizando al animal en sus carteles de campaña.
Mientras que el planeta entero celebra la victoria del burro, los miembros del gobierno colombiano se deben estar arrepintiendo
de los desaires que por meses le han
estado haciendo al partido del pariente de Platero. Uribe y su cohorte se la jugaron con toda – y como ningún
otro gobierno en el mundo- a apoyar la campaña republicana. Tal vez lo único que
les faltó fue poner en la solapa de sus chaquetas el botón McCain-Palin ’08, porque de
resto hubo de todo: recibimiento presidencial, paseo por Cartagena, halago por aquí, zalamería
por allá… Ahora, cuando el pueblo estadounidense salió en masa a castigar con su voto el camino
de desgracia por el que los republicanos han conducido
a ese país–y de paso al mundo- durante los últimos ocho años, al gobierno
Uribe no le queda otra que intentar
reivindicarse con “ese”
(“That One”, como le dijera
McCain a Obama) y su partido.
En efecto, una vez terminado el matrimonio Bush-Uribe dos temas que obsesionan
al gobierno Uribe podrían cambiar: la aprobación del TLC y la continuidad del Plan Colombia. Con el TLC el dulce se le puso a mordiscos al Gobierno. Tanto Obama, como
los voceros de su partido en el Congreso, se han empeñado en que el acuerdo pasa, pero si
se cumple con determinadas normas de derechos humanos; especialmente aquellas referidas a los derechos de los trabajadores sindicalizados y de los miembros
de las comunidades afrocolombianas.
Por eso, a pesar del optimismo
del Gobierno colombiano, es poco probable que el partido demócrata afloje en estos temas y le dé el visto bueno
al tratado. Los números ayudan a entender
la situación. Como lo previó
el New York Times, esta es
la primera vez en 40 años (desde el gobierno de Lyndon Johnson) que un presidente demócrata
no va a tener que ocupar su
tiempo defendiéndose de mayorías desafiantes del Partido Republicano en el Congreso. De hecho, Obama será el primer presidente demócrata desde Jimmy Carter, en
1976, que va
a contar con una mayoría sustancial de congresistas que apoyen su agenda. Así las cosas,
si con una tímida mayoría los demócratas se han
logrado oponer a la firma a
la brava de cualquier acuerdo –contrario a lo pretendían Uribe y Bush-, ahora que los miembros
de este partido tienen la sartén por el mango, es poco probable que el panorama cambie.
Lo que puede preverse es un
mayor interés por parte de
los Estados Unidos en el cumplimiento de Colombia de sus compromisos en materia de derechos humanos (hasta donde el sistema bipartidista y los intereses geoestratégicos de la potencia lo permitan, tampoco nos digamos
mentiras). Y, en este campo, varios asuntos que huelen
extraño tendrán un mayor escrutinio desde el Norte: por ejemplo, las
denuncias sobre ejecuciones extrajudiciales atribuidas a miembros de la fuerza pública y la burla del gobierno a los derechos de las víctimas del conflicto. La falta de medidas en estos temas, ahora
más que antes, puede producir un
endurecimiento en la certificación
en derechos humanos a
Colombia y condicionamientos más
severos a la hora de desembolsar más ayuda militar.
Esta experiencia sin duda le va
a recordar al presidente Uribe y a los miembros de su gabinete que
es mejor ensillar el burro antes de intentar
montarlo. Para no repetir
la pifia, el gobierno tiene la alternativa de leer la elección de Obama no como
una tragedia que le cambia los planes, sino como una oportunidad
política para corregir el curso y adoptar un compromiso sincero en materia de derechos humanos entre otros temas que
va a mirar con lupa la nueva administración.
*Nelson Camilo Sánchez es investigador
de DeJuSticia. El Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad -DeJuSticia-(www.dejusticia.org) fue creado en 2003 por un grupo de profesores universitarios, con el
fin de contribuir a debates sobre
el derecho, las instituciones y las políticas públicas, con base en estudios rigurosos que promuevan la formación de una ciudadanía sin exclusiones y la vigencia de la democracia, el
Estado social de derecho y los derechos
humanos.