El lado B de la visita de Obama
Preocupa que su paso por Chile pueda reducirse, principalmente, a un evento mediático que termine perjudicando nuestra inserción regional.
por Carlos Ominami
22/03/2011
LA VISITA
de un Presidente es siempre un gran
acontecimiento, máxime si se trata del líder de una gran
nación como Estados Unidos y dada la
particular relevancia de la personalidad
del Presidente Barack Obama. De esto no hay punto de discusión. Me preocupa,
sin embargo, la forma en que el gobierno
de Chile enfrentó esta visita.
Vi con algo
de vergüenza ajena en la TV
cómo el canciller informaba que el Presidente Obama viene a nuestro país con su señora e hijas,
pero también… con su suegra y la madrina de sus hijas, para desde
Chile hablarle al conjunto
de la región. Escuché también las declaraciones
del embajador Wolff diciendo "que no es por casualidad
la elección de Chile". Mi preocupación
es simple: esta visita corre el riesgo de ser transformada, principalmente, en un evento mediático que termine perjudicando
nuestra inserción regional.
Lo que es bueno para EEUU
no es necesariamente lo mejor para Chile.
Chile, desgraciadamente,
se ha prestado durante
ya muchos años para jugar
a ser el mejor alumno de la
clase. Esto, que se inició durante la dictadura con el
famoso "Adiós a América Latina", de Joaquín Lavín, lamentablemente no se rectificó del todo en el período posterior. Se siguió hablando de que "somos una buena
casa en un mal barrio" y se fue totalmente condescendiente con la
pretenciosa y absurda idea
de que Chile constituía un modelo de transición
política y desarrollo económico, prácticamente de validez universal. La transición chilena constituye una experiencia muy especial, con sus grandezas y sus miserias. Ella no se entiende
sin el desplome de la democracia
y los 17 años de dictadura. Es decir, que para reproducir
nuestra experiencia, habría que pasar
antes por una gran tragedia, lo que no se le puede desear a nadie. Es por eso que
somos una experiencia y no un modelo. Cuando aceptamos que lo somos, nos afirmamos
en el papel de buen alumno, pero mal compañero, obsecuente con el profesor y despectivo con el resto de su clase.
La agenda de actividades del Presidente Obama fue intensa, pero estuvo
menos de 24 horas en el país. En cambio,
Chile seguirá siendo parte permanentemente de la región. Es un hecho que entre
los problemas más importantes a los cuales estamos
enfrentados se cuentan el conflicto no resuelto con Bolivia,
el cuestionamiento que ha planteado Perú sobre límites marítimos
y no olvidemos el tema pendiente con Argentina sobre la delimitación en Campo de Hielo Sur.
Sería francamente lamentable que un hecho
tan positivo como la visita del Presidente Obama pueda transformarse, involuntariamente, en una especie de "abrazo del oso". Chile requiere
de una diplomacia consistente, que deje de lado toda
soberbia y todo provincianismo. Esos dos componentes
son una mala mezcla.
Soy de los
que se emocionó con el triunfo de Obama y de los que observa con inquietud las dificultades
para cumplir con sus compromisos, tanto en EEUU como
hacia América Latina, especialmente en materia de derechos humanos y respeto irrestricto a la institucionalidad democrática (recordemos Honduras), expresados
en la Cumbre de Trinidad y Tobago, a la cual asistió al inicio de su mandato.
En esta ocasión él afirmó con fuerza
que "quería escuchar". Ojalá que lo haya hecho.