Guerra
al narcotráfico en México
En el corto
plazo parece no haber alternativa a proseguir la guerra. Si bien esa política
ha generado violencia, la tolerancia con los carteles de la
droga fue lo que corrompió las
instituciones del Estado, sembrando
las semillas de la situación actual.
por Jorge Chabat | 12/03/2009
El narcotráfico
ha existido en México por décadas, pero no afectó seriamente la estabilidad del país ni provocó conflictos
con Estados Unidos sino hasta mediados
de los 80, cuando la cocaína
colombiana comenzó a cruzar en grandes cantidades desde México al vecino del norte. Para entonces, las instituciones
policiales mexicanas se encontraban en estado de descomposición, lo que las convertía en terreno fértil para la acción corruptora de los narcos.
El desmantelamiento
de los carteles de Cali y Medellín
de Colombia en los 90 creó un vacío
que pudieron llenar los carteles mexicanos, pero los niveles de violencia relacionada con drogas en México seguían siendo relativamente bajos. Esta "paz de los traficantes" se puede entender por la política de tolerancia del gobierno mexicano, que buscó un grado
de equilibrio entre los carteles
de la droga y el Estado, en términos
de rutas de tráfico y los territorios infiltrados por esos grupos.
Eso continuó este siglo, hasta
que el Presidente Vicente
Fox ordenó medidas enérgicas contra el tráfico. A medida que los señores de la droga iban siendo arrestados,
se iba destruyendo el equilibrio entre las mafias, preparando las condiciones para una guerra entre los carteles de Sinaloa y del Golfo
-los dos más grandes- que ha generado un enorme nivel de violencia, así como ácidas protestas
de EEUU debido a los efectos del combate a los narcos a lo largo de la frontera.
Cuando el Presidente Felipe Calderón asumió en 2006, heredó una violencia
en aumento, en que los narcotraficantes controlaban partes del país. Respondió emprendiendo prestamente un ataque frontal
contra los carteles, con el apoyo
del Ejército. La ofensiva
de Calderón aumentó su popularidad, pero también generó
un nuevo aumento de la violencia: las bandas de narcos no sólo se enfrentaron al gobierno, sino que arreglaron cuentas entre ellas. El año pasado más
de 5.000 personas fueron asesinadas
por el crimen organizado, más del doble de la cifra correspondiente a 2007.
La violencia,
además, se ha vuelto más cruda. Desde
2007, muchas de las víctimas de los carteles han sido decapitadas,
táctica que claramente apunta a intimidar a sus
enemigos. Y, a medida que aumenta lo grotesco de la violencia, también se ha elevado la presión para adoptar
una estrategia más eficaz. Algunos,
incluso, sugieren volver a la política de tolerancia anterior a Fox.
Por supuesto, la mayoría de las víctimas son traficantes, pero la violencia rampante que existe
en el país ha creado un ambiente de inseguridad que afecta la vida
cotidiana de muchos mexicanos y que, en último término, puede hacer que
la opinión pública se vuelva en contra de la política
de Calderón. Esto es algo que
algunos grupos del narcotráfico están promoviendo con afiches anónimos y la promoción de protestas populares en el norte de México, en las que se exige que
el Ejército regrese a los cuarteles.
Sin embargo, al menos en el corto plazo parece no haber alternativa a la estrategia de Calderón. Después de todo, si bien su
política de confrontación
ha generado altos niveles
de violencia, la tolerancia
con los carteles de la droga
fue lo que corrompió las instituciones
del Estado, sembrando las semillas de la situación actual.
Al parecer,
la única opción del gobierno es proseguir
la guerra, con la esperanza
de que sus esfuerzos de largo plazo por fortalecer la capacidad y la integridad de las instituciones del Estado puedan dar frutos.
La corrupción -especialmente
dentro de las fuerzas antinarcóticos- sigue siendo una
amenaza profunda y persistente.