BLACK & WHITE

 

Mirko Lauer

 

A medida que Barack Obama se va acercando a la candidatura demócrata (las apuestas le dan casi 82% esta mañana) va entrando en foco el tema de si un candidato negro ya puede ganar una elección presidencial en los EEUU. La gente de Hillary Clinton cree que no, y ha empezado a divulgar fotos en traje étnico, de corte entre africano y musulmán.

 

Los negros son hoy 11% del electorado, y es poco probable que todos voten por Obama, entre otras cosas porque el grupo de color es muy variado en términos de clase, cultura, ideología o afiliación a temas políticos. Hay negros con Hillary, e incluso con el Partido Republicano. Si Obama gana la nominación puede terminar realmente solo.

 

Extrañamente en las cábalas de este momento no es el voto blanco el percibido como principal obstáculo de Obama, sino el voto latino. En efecto la latinidad tiene una relación de competencia con los afro-americanos, una agenda política propia, y la desconfianza frente al progresismo que trae casi todo inmigrante.

 

El análisis progresista postula que esta elección es sobre temas muy distintos que el racial o de género. La idea es que una suerte de electorado daltónico podría elegir a un negro o a una mujer sobre la exclusiva base de sus imágenes políticas o el mérito de sus propuestas. El mismo electorado que ha venido eligiendo conservadores de todo tipo.

 

Pero los políticos negros no están tan convencidos del daltonismo. Uno de ellos es Kenneth Blackwell, multi-victorioso político de Ohio, que en el 2006 dijo: "Estamos en un momento histórico, y en situación de tener candidaturas que rompan los esquemas". Está implicando que es precisamente la negritud lo que empieza a ganar elecciones.

 

A la gente de Hillary se le va la vida en demostrar que un candidato negro es derrota segura ante el republicano John McCain. El problema es que también hay maneras de demostrar que una mujer tampoco ganaría. La idea de ambos en una misma plancha es simplemente demasiado cambio para la imaginación de ese electorado.

 

Para algunos el cambio estaría en la desaparición de los prejuicios de color o de género en la política. Pero la otra cara de esta optimista moneda es la posibilidad de que el verdadero cambio sea una ampliación de las etnopolíticas que han venido practicando los blancos, todavía mayoritarios, en beneficio propio.

 

En 1926 el escritor brasileño Monteiro Lobato publicó O presidente negro ou o choque das raças, subtitulado "Novela norteamericana del año 2228". Allí los blancos se escinden en un partido masculino y uno femenino, y así gana el candidato negro. La reacción blanca es esterilizar a los negros con una sustancia camuflada dentro de un laciador de pelo.