El Presidente ‘estadounidense’
Orlando Alfonso Olave
Los europeos o norteamericanos
se refieren a nosotros como “sudamericanos”, el sentido de la expresión llega a generar hasta suspicacias clasistas en nuestro imaginario colectivo.
Martes 22 de marzo de 2011
En Europa y Asia a los estadounidenses se les reconoce
como “americanos”. En Sud América se les denomina como “norteamericanos”.
Los norteamericanos son los que residen
entre Alaska y México, y los
americanos son los que residen desde
Tierra del Fuego a Alaska, ¿cierto?
De perogrullo...pero, ¿porque a los estadounidenses les fascina que los llamen
"americanos" o "norteamericanos"?
Es una suerte de lujo para ellos que
llega a grabar una especie de cosquilla en nuestras conciencias. Al menos
a mí me parece hostigoso y molesto, como dice mi abuela.
Porque cuando
los europeos o norteamericanos se refieren a nosotros como “sudamericanos”, el sentido de la expresión llega a generar hasta suspicacias
clasistas en nuestro imaginario colectivo.No en el caso de la referencia de americanos o norteamericanos para ellos y su orgulloso
pueblo. El sentido se lo damos nosotros.
“Los sudacas” nos dicen algunos
desde la vieja Europa. Los del patio trasero nos autodefinimos
como en una
práctica sadomasoquista cada vez que
criticamos el modelo político estadounidense. Sin
embargo “ellos”, gracias a la construcción
de una identidad e imagen proyectada a través de la cultura pop, han logrado
apropiarse del término norteamericano o americano sin pudor, como arrebatándonos
la mitad de nuestro continente. Lo patético es que esto
sucede gracias al gentil patrocinio de nosotros mismos y gracias al gentil auspicio de los medios de comunicación y la mayoría de sus periodistas, que remarcan lo de “presidente norteamericano”, al punto de parecer una tortura
semántica que nos recuerda una
historia sin mayores cambios...al menos en aspectos culturales que son definitivamente importantes para la construcción de nuestra identidad como cohabitantes de América. Como que nos cuesta aún más
diseñar nuestros factores de orgullo. En fin.
Que nuestros
periodistas reiteren mañosamente la definición de “norteamericano” o “americano” para referirse al presidente estadounidense, más bien parece
ser un evidente acto fallido, que remite
invariablemente a una actitud sumisa e inferior ante el
visitante; y como buena cultura esponja,
los chilenos absorbemos todo lo que nos han
diseñado por cientos de años, como para marcar
diferencias de poder, posición y de roles en nuestra sociedad continental.
Creo que
hace falta un cambio de “chip” entre los periodistas que cubrieron la visita de Barack Obama a Santiago de Chile, refiriéndose a él como “norteamericano”; desde el irreverente Nibaldo Moschiatti de la Biobío, hasta el más desconocido notero de radios y canales de televisión
de nuestro país.
Yo prefiero
a Barack Obama como Presidente estadounidense, ¿ y usted?