La esperanza
o el infortunio
Arturo Balderas Rodríguez
De entre
los acontecimientos del año que
empieza, los que despiertan mayores expectativas son los procesos para
las elecciones presidenciales en México y Estados
Unidos. Por una cuestión circunstancial
de los calendarios electorales, ambas elecciones coinciden este año
y, de no haber cambios inesperados, coincidirán dentro de 12 años nuevamente. Eso mismo sucedió cuando en Estados Unidos fue electo
George W. Bush y en México Vicente Fox. Las secuelas
de los siguientes 12 años son ahora historia, pero sus efectos, o tal vez
sea mejor decir sus calamidades, prevalecerán aún algunos años más.
En el caso
del país del norte, la saga
de los errores de los ocho años
del gobierno republicano de
Bush no ha podido ser superada
en los tres años de gobierno del demócrata Barack Obama: desigualdad
creciente, deterioro del ambiente y el desprestigio sin precedente de Estados Unidos, no sólo entre los países
árabes sino en todo el mundo, producto de la guerra en Irak. Y, por supuesto, la terrible crisis económica,
no sólo atribuible a los errores de Bush, quien no hizo nada por evitarla sino
que coadyuvó en su profundización.
Correspondió al gobierno de Obama intentar salvar al país y al sistema del colapso total. Su único pecado
fue tratar de imponer los correctivos
necesarios para ello. Consciente o inconscientemente, sus
adversarios torpedearon casi todas sus
iniciativas, en primer lugar
su propuesta de reforma al sistema de salud. Esa estrategia se profundizó
cuando los republicanos ganaron la mayoría en la Cámara Baja.
A partir de ese
momento pusieron a Obama a
la defensiva, quien ha tenido que gobernar
a contracorriente de los embates del sector más conservador en ese recinto.
En el año
que terminó la división entre el gobierno liberal, que no de izquierda, de Obama, y los conservadores se ha profundizado como pocas
veces antes. Ejemplo de ello fue la discusión
sobre la ampliación del endeudamiento y más recientemente sobre la ampliación del seguro de desempleo. Obama tuvo que ceder
una y otra vez para evitar
un cisma mayor en la conducción del país. Sus partidarios, cuyas expectativas eran grandes, le reclamaron por haber fallado
en sus promesas. Ciertamente ha cometido errores, sin embargo, tan sólo la
reforma al sistema de salud y, aunque tibia, la reforma al sistema fiananciero, son logros mayores en un clima político tan adverso. Como concluyó Bill Keller, el editor del
diario The New York Times, "Obama pudo hacerlo mejor,
pero pudiera haber sido peor".
Obama ha iniciado la ofensiva dejando atrás la pusilanimidad de que se le acusa, poniendo en evidencia las intenciones de los republicanos de destruir el sistema de protección social construido el siglo pasado. De su firmeza
en denunicarlo dependerá su relección.
En México, afotunadamente la relección no existe, pero nada hay que pueda evitar
la restauración de los vicios y el despotismo de antaño. Con todo y los riesgos
que ello tiene, no queda sino apostar por
la alternancia en nuestro país y la relección en el otro lado.
Un mejor año
para todos ustedes.