Cumbre: con México no se negocia
Carlos
Ferreyra
Domingo
9 de Agosto, 2009
Todavía no salimos de una y ya estamos
metidos en otra. Apenas nos libramos
del Mel Zelaya y de sus despropósitos,
sus muestras de mala educación y sus fachas ridículas, cuando ya nos
estábamos poniendo de tapete para recibir
al presidente de EU, Barack Obama y al primer ministro de Canadá, Stephen Harper.
Igual que Zelaya, quien apenas al pisar territorio mexicano dijo que
venía por el apoyo sin condiciones de México para su imposible
retorno al poder, cosa que se cumplió,
los asistentes a la llamada
Cumbre de Guadalajara anuncian
de antemano que no están interesados en los temas que deberían
inquietar a nuestros gobernantes.
Imposible saber cuánto le costó al pueblo de México el recorrido
turístico y de promoción
personal del, digámoslo como
es, ex presidente de
Honduras, pero mucho menos sabremos lo que se invirtió en recibir a los dos ilustres visitantes imperiales.
Lo que
sí supimos antes de que se nos aparecieran,
y nos lo hicieron conocer sin vaselinita ni analgésicos, es que no asisten
a un diálogo, mucho menos a
una reunión Cumbre, sino sencillamente
a instruirnos sobre sus proyectos futuros
para la región, muy preponderantemente los que se refieren a la seguridad interna de Estados Unidos.
Washington cuenta con la anuencia de Canadá para la integración de cuerpos conjuntos de vigilancia en la zona fronteriza entre ambas naciones. Lo mismo se pretende con México, extendiendo de forma continua, sin brincos
intermedios, el poder de
control de Estados Unidos hasta los límites con Panamá.
Quedaríamos bajo “el amparo” de uno de los dos comandos militares que rigen en el continente americano, cubiertos por un paraguas de ingenios sofisticados antinucleares y de otros tipos. La denuncia se ha hecho en reiteradas ocasiones, mientras Washington insiste en que México se sume con tropas de paz a las misiones que
ese país considere.
Por cierto, esa
fue una de las tareas encomendadas
al esposo de Carla Bruni,
un señor Sarkozy que hace poco estuvo
de pachanga en México, donde
exigió que en nuestra calidad de miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, asumamos la responsabilidad total, que incluye el tema militar.
Para Obama, y conste que este
comentario se hace mucho
antes de iniciarse las conversaciones en Guadalajara, dos temas
está vetados: la revisión, que no apertura, del Tratado de Libre Comercio entre las tres naciones,
y el asunto de los indocumentados,
mismo que remite al año 2010 para su revisión,
sin garantía de solución.
“En momentos
en que México ha sufrido un
doble golpe no sólo por la caída
de su economía sino también por
los efectos del virus A/H1N1 en el turismo, probablemente queremos tener la economía más estabilizada
antes de sostener una larga discusión sobre nuevas negociaciones
comerciales.”
Y
háganle como quieran, se lee entre líneas.
Por su lado,
Harper rechazó el propósito
del presidente Felipe Calderón
de revertir la imposición
de visas para los mexicanos
en viaje a Canadá. Para que quedara muy
claro, el premier canadiense,
por boca de su vocero, declaró
el jueves que no se anticipaban cambios en ese tema y advirtió
que “cada gobierno nacional tiene cosas qué
proteger y preservar”.
Queda una duda:
la tripleta se reunirá en
el Hospicio Cabañas para intercambiar ideas, pero no para negociar. Los visitantes ya expresaron
las que aportarán,
pero México, ¿cuál será su aportación?,
¿para qué?
O seremos,
como parece la nueva tónica de nuestra diplomacia, simples receptores. Algo así como
canastos donde se deposita cualquier cosa.
carlos_ferreyra_carrasco@hotmail.com