EU, seguridad
y cocaine
Juan
Manuel Asai
Martes 24 de Marzo,
2009
México y Estados
Unidos atraviesan tiempos de definiciones. Lo que se decida en las próximas semanas
marcará el rumbo a seguir en la relación bilateral para el futuro inmediato. Se establecerán las bases de la agenda para la primera administración Obama, la que concluye en el 2012, cuando también terminará el sexenio de Felipe Calderón.
Por eso, para
medios y comentaristas, es prácticamente imposible escapar al impacto que tienen
para nuestro país las inminentes
visitas de Hillary Clinton y Barack Obama, figuras estelares de la política en Estados Unidos. No todo depende de la secretaria de
Estado y del presidente, pero
sí son personajes protagónicos y los dos tienen gran influencia en el Capitolio.
Hillary y Barack conocen poco a México, pero pueden aprender
rápido. Son personas inteligentes,
por encima del promedio. Abogados ambos, una egresada de Yale y el otro de Harvard, lo que no está nada mal. No tendrán ningún problema, porque en esto no se parecen a Bush, pueden comprender un razonamiento complejo, pero bien planteado. Tampoco están atrapados
en fundamentalismos conservadores,
de manera que hay espacio para el debate y algunas, aunque pocas, oportunidades para la comprensión.
Tormenta
entre dos amores
Los esfuerzos
de nuestro país deben partir de un hecho: la prioridad norteamericana es tener fronteras seguras. Desde luego la agenda entre ambas naciones es muy
extensa, incluye aspectos migratorios, laborales, comerciales, turísticos, culturales, de protección al medio ambiente, entre otros. Pero lo que mueve
a los líderes norteamericanos
es la seguridad. No hay más. No se discute su derecho a proporcionarse
seguridad, mucho menos después del ataque del 11-S. Por lo tanto, nos
corresponde mostrar simpatía por su
meta y explicar a los visitantes,
pero también a las comitivas de prensa que los acompañarán, y a través de los comunicadores a la opinión pública de los Estados Unidos, de la manera más clara posible,
sin arranques nacionalistas,
sin ponernos bravos, que lo
que pone en riesgo la seguridad en la frontera es su hábito
de consumir drogas.
No pueden
tener, al mismo tiempo, como ha sido su afán,
seguridad y cocaína. La fórmula se agotó. Funcionó durante un tiempo, pero ya
no. Es una o la otra, pero no las dos. La crisis por la que atraviesan
las relaciones entre ambos países se debe a que un sector del establishment gringo, supone
que los efectivos de la
Guardia Nacional o los del comando
norte, pueden lograr que la fórmula
persista. No les preocupa incurrir en actos intervencionistas o agravios a la
soberanía de nuestro país. Hay que decir,
sin exabruptos, que la seguridad de la frontera sur de Estados Unidos depende de que se achique el mercado de consumidores de droga.
¿Para la estructura
de seguridad de los Estados
Unidos, con su tecnología de vanguardia y la capacitación de sus efectivos, presenta alguna dificultad seria detener el tráfico de armas de su país al nuestro?
En lo absoluto. No es sencillo ocultar cargamentos de fusiles de asalto, de granadas de fragmentación o paquetes de millones de dólares. ¿Para nuestros vecinos es imposible detectar
operaciones financieras con
dinero de origen dudoso? La planta de coca se da en Colombia, Perú y Bolivia,
nada más, ahí empieza el proceso, ¿por qué los cargamentos
no se detienen en su lugar de origen?
Lo mismo
es válido hacia el interior de México. No podemos
terminar con el narcomenudeo,
con la violencia callejera que genera, con las ejecuciones de integrantes de bandas rivales, con el deterioro alarmante del tejido social, si no se actúa sobre los consumidores. Mientras haya quien compre
habrá quien venda. No digo que los encarcelen, pero ni siquiera
hay en los medios de comunicación
campañas serias para darle costo
social al consumo. Así como creció el universo de consumidores, puede disminuir.
Irrumpir
en la prensa de EU
He propuesto
en este espacio que el gobierno mexicano aproveche la visita de Obama para insertar en los principales diarios y revistas de Estados Unidos un desplegado en el que se externe, en primer término, una cálida bienvenida
al mandatario norteamericano
a nuestro país y después se explique la posición de México con respecto
al problema del tráfico de drogas y la seguridad fronteriza. Hay que dar allá la batalla
a favor de la vapuleada imagen
de México. No podemos dejar
el campo libre para que congresistas conservadores nos hagan picadillo sin meter las manos.
jasaicamacho@yahoo.com