Noviembre histórico

José Antonio Zarzalejos Comienza mañana un mes de noviembre que se presenta cargado de hitos llamados a constar en la historia. Un capítulo entero merecerá la elección presidencial en Estados Unidos si, como parece, Obama se instala a partir de enero del 2009 en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Con él, un hombre de raza negra -un afroamericano, es decir, miembro de una minoría étnica y otrora de un colectivo de esclavos- llegaría por vez primera en más de doscientos años a la más alta magistratura del país más potente del planeta.

Y como los astros se alinean en la historia sólo muy de vez en cuando, será inmediatamente después de esas elecciones americanas del día 4 cuando se reúnan en Washington los Estados del G20 para "refundar el capitalismo" en el ojo del huracán de la crisis financiera y económica más profunda y fulminante que pueda recordarse.

No será irrelevante quién haya salido elegido presidente de Estados Unidos cuando el día 15 se encuentren los líderes del mundo para torcer el mal curso de los acontecimientos. Obama ha alcanzado una fuerza simbólica tal que su posible triunfo se vincula en el imaginario colectivo a valores positivos tales como renovación, regeneración, nuevo orden económico, renovado esfuerzo de equilibrio entre libertad y seguridad, una distinta política internacional para con Europa y Asia, una posibilidad de pacificación en determinadas regiones del mundo... todo un cúmulo de atributos y esperanzas que han hecho afirmar a la revista -tan de culto- The Economist que el demócrata es su candidato porque él encarna la esperanza de cambio.

El efecto sicológico de una eventual elección de Obama tendrá repercusión sobre el estado de ánimo mundial, pero afectará también a una vieja concepción política y económica en los países desarrollados. El candidato demócrata ha elaborado todo un nuevo lenguaje público, ha empleado masivamente los medios de comunicación con una habilidad extraordinaria, ha demostrado que internet es, no ya una opción, sino una obligación en la comunicación electoral y ha introducido un nuevo protocolo de relación entre los electores y los líderes políticos.

Este noviembre es histórico para todos. También para España, políticamente enmarasmada y económicamente perpleja. No sabemos aún si Rodríguez Zapatero estará o no en Washington el día 15 participando en la cumbre con el apoyo de muchos países latinoamericanos -véase los apoyos de la Cumbre Iberoamericana que se celebra en El Salvador-. Pero de lo que ocurra en las urnas americanas el día 4 y, después, en esa "refundación" del capitalismo, el 15, depende la marcha de los acontecimientos en nuestro país por las repercusiones tangibles y meramente sicológicas de esos acontecimientos que serán convulsivos, casi revolucionarios y necesariamente quirúrgicos. Aprestémonos a vivir intensamente el mes de noviembre más intenso de hace décadas. Dejará huella en los libros de historia.