¡Por dignidad!

Juan Carlos Sosa Azpúrua

Es urgente que pongamos un parado a este desgobierno que no respeta nada

Estados Unidos es una nación institucional. A los altos cargos llegan los capaces, los que pueden mostrar trayectorias intachables. Para seleccionar un juez o elegir senador, los procesos son tan rigurosos que se exagera. Pero la regla de oro es la procura de las personas más aptas. Estudiar las hojas de vida de los Magistrados es un reto para que la admiración no se vuelva envidia. Lo mismo ocurre en el Congreso o en el tren ministerial. Y, de todas, la Presidencia sigue siendo la institución más celada, porque dicha nación es presidencialista.

Sin entrar en disquisiciones sobre asuntos subjetivos, como si me gusta o no me gusta tal o cual, nadie les puede negar el respeto que profesan hacia la democracia y la libertad. Y si de defender sus valores se trata, son capaces de terminar anticipadamente el período de un presidente si éste viola principios sagrados. A nadie se le ocurriría decir que a Nixon le dieron un golpe de Estado porque lo sacaron antes de vencer su período constitucional; fue depuesto tan pronto su ineptitud se evidenció, punto.

En Venezuela se confunde el traje con la persona, por eso se insiste en formalismos totalmente prescindibles. Es urgente que pongamos un parado a este desgobierno inmoral que ha destruido todo y no respeta nada (Nixon se chupaba el dedo en comparación); lo demás es subalterno en importancia. Si las fuerzas nos unimos y activamos los mecanismos existentes, esta pesadilla podría (y debe) culminar este mismo año.

La persona que lidera el destino de nuestra nación demostró no tener ni la capacidad ni la moral para ocupar tan digno puesto. Debemos emplear nuestras energías y recursos para solventar este problema, que es tuyo y mío. Venezuela tiene gente espectacular, se merece algo digno que le represente. No podemos seguir tolerando, perdemos lo más sagrado en el camino.

jcsa@post.harvard.edu