De consentida
a despechada
Claudia
López
17/3/09
Mientras el presidente Lula da Silva, de Brasil, se reúne cara a cara
con el presidente Obama en la Casa Blanca para discutir la política global y latinoamericana,
el vicepresidente colombiano
lamenta el maltrato que, según él,
recibe Colombia de un sector del Congreso
y la sociedad civil estadounidenses y propone acabar con el Plan Colombia, por considerarlo la fuente de la humillación.
Esas
noticias ponen de presente el penoso contraste entre la política
exterior brasileña y la colombiana. Gracias a la primera, Brasil pasará a ser el socio estratégico de Estados Unidos en la región, y por cuenta de la segunda Colombia dejará de serlo. Brasil asumirá
ese papel
por obvias razones. Porque es la décima economía
del planeta, la democracia más estable y progresista del continente, la única con una cancillería y un presidente con prestigio de talla mundial, y, por todo lo anterior, un jugador con liderazgo regional y
global.
Colombia perderá la condición de socio preferente, también por obvias razones. Porque su papel estaba sobredimensionado y porque el presidente Uribe acabó la relación bipartidista que heredó de Pastrana
y tomó partido por los republicanos, que perdieron las
elecciones. El legado es que
Uribe quedó condecorado por Bush, pero Colombia quedó sin puentes bipartidistas sólidos para defender sus intereses de país.
La entrevista
del Vicepresidente con EL TIEMPO es muestra
fehaciente de que el gobierno de Colombia no termina
el duelo por la derrota de Bush. La entrevista podría resumirse así: "Antes hacíamos lo mismo y nadie nos
cuestionaba nada. Ahora nos preguntan por
qué matan sindicalistas y no producimos sentencias judiciales que esclarezcan los crímenes; cómo vamos a hacer respetar
los derechos laborales para el libre comercio;
nos preguntan por qué 'chuzamos'
y perseguimos a magistrados
y periodistas que nos incomodan; por qué miembros
de la fuerza pública matan a jóvenes inocentes para hacer falsos positivos;
por qué siguen
operando bandas criminales en las zonas donde se supone se desmovilizaron los paramilitares. Nos preguntan cómo nos gastamos
los pinches 550 millones de dólares
que nos dan
para el Plan Colombia. ¡Es el colmo!
¡Que nos respeten!".
No, Vicepresidente.
No nos preguntan
eso sólo por la 'pinche' plata. Preguntan porque les interesan
los temas de democracia y derechos humanos. Porque son parte central de la plataforma
política con la que ganaron las elecciones.
Porque, le cuento, hace más de un
año los demócratas ganaron las elecciones
de Congreso y hace cuatro meses, las
presidenciales. Pero ustedes nada que captan ese
detalle. Su indignación por las preguntas
y no por los hechos y las violaciones refuerza las fundadas
dudas que ya tienen de este gobierno y los hacen pensar que
a ustedes les importa un pito si matan
sindicalistas o violan los derechos humanos; lo único que le importa
es que por
esa "pendejada"
no aprueben el TLC.
Usted tiene razón. El Plan Colombia ya no sirve. Más serviría que
Estados Unidos se comprometiera con una política eficaz contra el narcotráfico, que no nos deje con todos
los costos del fracaso, mientras los países consumidores se hacen los de la vista gorda con sus responsabilidades. Pero ustedes no piden eso. Lo que piden es más
aviones, más bases militares, más fumigaciones, más
prohibición. Más del mismo fracaso.
Y también piden
TLC, sin que nadie cuestione nada. Cuando no
se lo dan patalean y amenazan y luego se indignan porque no los tratan como
estadistas.
Si quieren
trato de estadistas, compórtense como
tales. Dejen de pedir, patalear
y amenazar, y más bien tomen la iniciativa,
propongan y cumplan.
Formulen una agenda bilateral que incorpore los temas, intereses y preocupaciones de
ambos países, y planteen logros específicos en plazos ciertos para abordarlos.
Para lograr
ese propósito
nacional, mucho ayudaría que los Santos le permitieran al canciller Bermúdez dedicarse a esa tarea en vez de ocuparlo en apagar los incendios que producen
la campaña de Juan Manuel y el despecho
de Pachito.