Dichoso, como
paramilitar en Estados Unidos
Agosto 6 de 2008 - CAMBALACHE
El Gobierno
colombiano teme que los paramilitares extraditados a Estados
Unidos negocien con jueces de ese país
unas penas que, más que
penas, serían alegrías, pues los condenarían a períodos de reclusión menores que los de la Ley de Justicia y Paz, ya bastante benevolentes. Ese fugaz
encierro de cuatro a ocho años que
pagarían en Colombia los autores
de masacres podría convertirse en Estados Unidos en unos pocos meses. ¿A
cambio de qué? De que el 'narco-para' revele al juez intimidades del negocio de la droga. Parece que ya varios
andan bendiciendo el día en que los extraditaron porque alcanzaron acuerdos básicos muy favorables.
Es evidente
que resulta un poco tarde
para que el Gobierno se preocupe por lo que sería
monstruosa burla contra
miles de víctimas colombianas.
Ha debido pensarlo antes de
firmar abruptamente la extradición de criminales con aterradores prontuarios. También es evidente
que estas son las consecuencias de las chiripiorcas que acometen ocasionalmente
a mi doctor Uribe, tan berraco
pero tan temperamental. Si aquella
madrugada del pasado 13 de
mayo el Gobierno hubiera incluido unas penas
mínimas como condición para extraditar a los 14 paramilitares,
hoy no albergaríamos el temor de toparnos antes de finalizar la década con los jefes de las autodefensas
entregados a las compras en Miami o a saludar al Pato Donald en Disneyworld.
Pero también es
evidente que hay que apoyar la iniciativa
del Gobierno. La justicia estadounidense debe sentir que
la demanda de castigos severos no es una
inquietud burocrática oficial, sino una
exigencia del pueblo colombiano,
que sentiría profunda decepción si los comandantes paramilitares acabaran como el célebre mafioso Henry Hill, inspirador de
la película de Martin Scorsese Buenos muchachos (Goodfellas), que cambió décadas
de prisión por colaborar con la DEA y hoy vive feliz en Malibú, California.
Los colombianos tendemos a pensar que nuestra
justicia es una basura (muy
buena no es, realmente) y que la de otros países se yergue limpia, rigurosa y equitativa. Para que se consuelen, o para que se desconsuelen aún más, les cuento
que hace poco quedó libre
en España el terrorista de
Eta Iñaki de Juana, autor
de un atentado donde murieron 25 policías en 1986. Condenado a 3.000 años de cárcel,
se valió de diversas ventajas legales para cumplir solo 18 por su delito.
Mientras la Unión Europea aprueba una medida
que autoriza a encarcelar a un pobre indocumentado hasta por un año y medio,
a De Juana le salió cada muerto por nueve
meses de cárcel. El vencimiento de la visa podría costarle a un inmigrante
lo que dos muertos al terrorista. ¿Qué
justicia es esa?
El problema es que
las prioridades de Europa y Estados Unidos difieren de las nuestras. Los problemas económicos globales han desatado
en las naciones ricas la cacería del inmigrante. Clínicas privadas de Estados Unidos deportan a los enfermos costosos del Tercer Mundo, como
quien despacha bultos de papa; en el Viejo Continente
se extiende el negocio de
"europeizar" mediante
cirugía plástica los rasgos fisonómicos de latinoamericanos y orientales para evitar que
les pidan papeles por la calle.
Los jueces
gringos consideran más importante combatir la droga de consumo doméstico que castigar las
masacres de ocurrencia lejana. Por eso,
paradójicamente, a los 'narco-paras'
los secretos que conocen como
narcos podrían redimirlos de los crímenes atroces que cometieron
como 'paras'.
Para ayudar
a evitarlo, propongo que expresemos
masivamente nuestra opinión a la embajada estadounidense: AmbassadorB@state.gov.
ESQUIRLAS. El nuevo
Santa Fe (en vos confiamos,
'Bolillo') se enfrenta mañana al Real Madrid, el que conspiró con Millonarios y la dictadura franquista para robarle al Barcelona la contratación de Alfredo Di Stéfano,
el que pensó que viajaba a Bogotá jugar con sus cómplices
azules. Es deber
histórico vencerlo.
cambalache@mail.ddnet.es