Como si los protagonistas no fueran seres humanos
que se separan de sus familias para
intentar construir un mejor futuro
para todos, la noticia de que los envíos de dinero
de los inmigrantes latinoamericanos a sus empobrecidas familias están declinando ha sido causa de celebración
en círculos xenófobos estadounidenses.
Para los dirigentes del
Centro de Estudios Migratorios,
que aboga por la expulsión de los inmigrantes indocumentados y por limitar drásticamente la migración legal a Estados Unidos, las penurias
de los inmigrantes solo confirman el éxito de las políticas migratorias
de mano dura, tanto federal como estatal.
Según la última encuesta del Banco Interamericano de Desarrollo, realizada por Bendixen
y Asociados, en el 2007 se frenó
el espectacular crecimiento
de remesas entre el 2001 y
el 2006, cuando pasaron de
15.000 a 45.000 millones de dólares.
El año pasado,
los inmigrantes latinoamericanos enviaron apenas 1 por ciento
más que en 2006 (500 millones más).
La encuesta encontró que el número de inmigrantes que envían dinero disminuyó
de 73 por ciento en el 2006
a 50 ahora; que, según 81 por ciento
de los entrevistados, este año es
más difícil encontrar trabajo bien pagado; que
61 por ciento de los latinos que
se han hecho ciudadanos y 66 por ciento de los residentes
legales sienten que la discriminación contra ellos ha aumentado y que la suspensión de sus envíos obedece
al temor de quedarse sin trabajo.
La baja significa malas noticias para América Latina y pésimas para unos
3,2 millones de familias, que dejarán
de recibir remesas en el
2008. El efecto es que unos 2 millones
de familias (unos 10 millones de personas) podrían volver a quedar por debajo de la
línea de pobreza. Y no implica, como
dicen los grupos antiinmigrantes, buenas noticias para quienes buscan
restringir los flujos migratorios, pues, si continúa
el deterioro de la economía
de E.U, sus efectos se sentirán en toda la región. Y cuando
las economías de Latinoamérica entren en una crisis mayor, la única válvula de escape volverá a ser
la inmigración.
Un tercio de los entrevistados dijo estar pensando
en regresar a su país de origen, pero 69 por ciento
de ellos dijo que su situación
actual es buena o excelente cuando la comparan con lo que podrían esperar si regresan. Y si la situación económica en Latinoamérica empeora, en vez de pensar en retorno, lo probable es que traigan
hermanos, primos y amigos para mantener el envío de remesas a niveles aceptables.
No olvidemos que en México las remesas son la segunda fuente de divisas, apenas por debajo del petróleo y por encima del turismo; en El
Salvador representan 17 por
ciento del producto interno bruto; en Colombia igualan al 84 por ciento de las exportaciones
petroleras; en Ecuador son la segunda
fuente de ingresos del
exterior, después del petróleo;
en el Perú rebasaron el ingreso del turismo y el total de
las exportaciones agrícolas; en Bolivia duplicaron
el ingreso por turismo en el 2004, y en el 2005 equivalieron
a 87 por ciento de las exportaciones de gas natural.
Así las cosas,
lo más lamentable es que exista gente
que se regocije con las penurias de millones de pobres en el hemisferio occidental.