Afganistán es el reto
Obama
amplía el enfoque hasta Irán para
ganar la guerra a la insurgencia islamista
EDITORIAL
01/04/2009
Más que para
enunciar cambios relevantes, la conferencia sobre Afganistán de La Haya ha servido para que Estados
Unidos recabe ayuda internacional y haga presente en Europa su determinación,
anticipada por la decisión de Barack Obama de enviar
21.000 nuevos soldados, de implicarse a fondo en una guerra crucial para la seguridad de las democracias occidentales. Una determinación que se hará expresa también
esta semana a los aliados de la OTAN, cuya mayor participación exige Washington, sobre todo a los renuentes europeos.
Resulta alentadora la presencia de Irán, respondiendo a la mano tendida de Obama, y su promesa de cooperar contra el tráfico de opio, aunque haya reiterado
su oposición a las tropas extranjeras
en el país fronterizo. Como
lo supone el que Hillary
Clinton ofrezca una rama de olivo a los talibanes que renuncien
a la violencia, aunque el espionaje estadounidense reconozca, siete años después, desconocerlo
casi todo sobre la estructura de los fanáticos islamistas. Pero el objetivo estratégico de EE UU, según fue enunciado
la semana pasada por su presidente,
sigue siendo la derrota de Al Qaeda en Afganistán
y Pakistán, y en eso no difiere de su antecesor.
Obama, menos unidimensional
que Bush, cree, sin
embargo, que la solución no
es exclusivamente militar; busca la ayuda de los vecinos; sugiere, en palabras de Clinton, algún tipo de reconciliación
o enfatiza la necesidad de otorgar mayor papel a la reconstrucción civil y la ayuda económica, tanto a Afganistán como
a Pakistán. En la más estricta lógica de los acontecimientos, considera a estos dos países
parte del mismo escenario crítico.
La guerra
de Afganistán no deja de agravarse y ni Washington ni sus aliados,
España entre ellos, tienen una idea clara sobre cómo
ganarla. El yihadismo no sólo está consolidado,
sino que se extiende imparable, como lo prueba la sucesión de espectaculares atentados, por un desgobernado Pakistán, que debe ser estabilizado
sin escatimar esfuerzos económicos o diplomáticos. Al
Qaeda ha sido empujada hacia la vasta e incontrolada frontera con este país, pero
regresará crecida a Afganistán si
EE UU y la OTAN no son capaces de tomar inequívocamente la iniciativa militar y de establecer paralelamente en Kabul un Gobierno
y un ejército creíbles. Una derrota aliada,
real o aparente, a manos
del fundamentalismo islamista
haría nuevamente de Afganistán una dinamo terrorista a escala mundial.