Ha nacido una estrella
ANTONIO CAÑO La carrera hacia la Casa Blanca
05/01/2008
Cada instante
de ilusión en la vida suele ser contrarrestado por los agoreros
que nos recuerdan
que la lógica siempre triunfa, que los fuertes terminan imponiéndose y que los sueños, sueños
son. Así ocurre también en la política. Esas luces que a veces se encienden espontáneamente aquí o allá son casi siempre
apagadas por el poder de los que
cuentan, las maquinarias de los partidos o los intereses creados. En Estados Unidos, el jueves por la noche
nació una estrella pero los
agoreros han
empezado ya a sembrar dudas sobre
cuánto tiempo brillará.
Tienen razón
en que ésta es una larga
carrera, en que Barack Obama no cuenta con el apoyo de ninguno de los principales centros de poder del Partido Demócrata, en que está muy atrás
en las encuestas en
Florida, en Nueva York, en que
no acaba de generar confianza entre los hispanos para
ganar en California y en que
le va a costar mucho convencer
a los votantes blancos de los racistas Estados del sur del país.
Los agoreros
tienen razón en que a los electores
les gusta coquetear con lo nuevo pero acaban
pronunciándose por lo conocido. Tienen razón en que Obama
es joven, en que es negro
y en que cuesta todavía pronunciar juntas ocho palabras en inglés: the president of the United States, Barack Obama.
Todo eso es cierto. Pero éste
es el momento de Obama y eso no se lo quita nadie. Obama ha hecho ya una contribución
impagable a la sociedad norteamericana al devolverle a ésta la pasión y la esperanza dilapidadas
durante el oscurantismo de las dos últimas administraciones.
Pase lo que pase a partir
de ahora, Obama ya ha triunfado. Su nombre
quedará escrito para siempre en los libros de historia
como el afroamericano
que salvó a la clase política en un momento crucial.
Pero también
es posible que los agoreros
se equivoquen y el capítulo
dedicado a Obama en esos textos
sea mucho más largo. Los tradicionales
instrumentos de cálculo político no valen aquí porque estamos
ante un fenómeno nuevo. Está ocurriendo
algo difícil de medir, algo que
se aprecia en las calles, que se siente cuando se asiste a un acto de Obama o se conversa con sus seguidores, pero que es
difícil de analizar y aún más difícil
de explicar.
¿Ha cambiado la orientación política de los electores? Un poco,
pero no es eso. ¿Ha sonado la hora de que un
negro llegue a la Casa Blanca? Quizá, pero
tampoco es eso. No estamos ante un comprensible aumento del voto de la izquierda después de ocho años de un Gobierno muy a la derecha. No estamos tampoco ante un renacido impulso del movimiento de derechos civiles con nuevas reclamaciones a la mayoría blanca.
Es algo diferente de todo eso. Obama
sería difícil de catalogar de izquierdas en los términos comunes
de la izquierda europea y claramente no es un seguidor del movimiento de los derechos civiles. Obama es, como
ocurre en algunas ocasiones, la figura que estaba allí
cuando el país reclamaba alguien lo suficientemente nuevo, lo suficientemente progresista, lo suficientemente independiente y
lo suficientemente próximo como para abanderar
el cambio sin peligro de ruptura, como para
superar las agrias divisiones partidistas sufridas en los últimos años
y aglutinar las esperanzas de una mayoría de la nación.
También en esto Obama ha triunfado
ya. Su mensaje de que no hay rojos y azules ha calado. Nadie que quiera ser presidente de Estados Unidos podrá olvidarlo
a partir de ahora. Este país ha sufrido
mucho durante años de agrio enfrentamiento
político, cercano al odio, entre adversarios,
provocado especialmente por la guerra de Irak. Esa división
ha perjudicado a Hillary Clinton, a quien los medios
de comunicación han
encasillado como una figura que
agudiza la desunión. La propia Clinton hablaba en su último discurso
en Iowa en un tono muy conciliatorio. Los norteamericanos quieren quitarse de encima a George W.
Bush y olvidar ese
periodo, pero no quieren hacerlo poniendo en su lugar al reverso de la misma moneda para
generar nuevos odios y nuevos resentimientos de parte de los derrotados. Quieren abrir un
nuevo periodo de su historia y Obama
parece diseñado a medida de la ocasión.
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