¿Se suicidan los republicanos?

 

Por: Hernán González Rodríguez

 

El autor de esta nota desea como colombiano que triunfe en las elecciones de noviembre próximo en los Estados Unidos el candidato de los republicanos John Mc Cain, pero su partido no convence.

 

Acontecimientos, como el rechazo inicial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos a su plan de rescate por los 700.000 millones de dólares, a favor del cual votó el 60 por ciento de los demócratas y en contra el 67 por ciento de los republicanos. O la aprobación final de esta Cámara con 72 por ciento de los demócratas a favor y el 54 por ciento de los republicanos en contra, plantean serios interrogantes.

 

Algunos republicanos culparon por su voto negativo inicial al inoportuno discurso que pronunció la antipática Nancy Pelosi inmediatamente antes de iniciar la votación en el que culpó de la crisis financiera actual a los republicanos, por no haberla evitado a tiempo. Otros republicanos salieron antes del voto final con el cuento de que habían recibido miles de cartas de sus electores solicitando que no votaran el plan aludido. Adujeron otros que el plan no iba a funcionar y que iba a empeorar las cosas, mas no propusieron nada importante.

 

Ninguna de las respuestas anteriores nos tranquiliza, porque un parlamentario del partido republicano no podía votar en contra por resentimiento contra las palabras de una señora insolente que habla en nombre de los demócratas, cuando mediaban necesidades apremiantes de su país. Un republicano debería tener suficiente criterio para no atender unas cuantas carticas que les enviaron electores a lo mejor ignorantes y mal informados de la incertidumbres del país y de su partido.  El nombramiento de la señora Sara Palin como candidata a la vicepresidencia de un Mc Cain, ya avejentado, tampoco convence. Hace poco propuso desviar los 700.000 dólares a obras sociales.

 

La otra bomba que se les viene encima a los republicanos es la proyección de la cinta de Oliver Stone titulada W en vísperas de las elecciones presidenciales. Allí se proyectará, por ejemplo, una reprimenda de Bush papá donde le increpa a Bush hijo: ¿Para qué eres bueno?, ¿para las fiestas?, ¿para perseguir mujeres?, ¿para conducir ebrio?, ¿quién crees que eres?, ¿un Kennedy? Pero viene luego su borrachera y la resaca al cumplir 40 años, tras la que emerge como un ferviente cristiano, como un abstemio y se siente predestinado para ser presidente de los Estados Unidos.

 

Bien, ciertamente, emerge otro Bush. Pero todo esto nos permite dudar sobre su formación intelectual durante los primeros 40 años. Nos permite sospechar la elección de un presidente superficial, cuya popularidad entre el pueblo americano como que no supera el 34 por ciento. Ha sido menos popular que cualquiera de sus antecesores. Nadie puede dar lo que no tiene.

 

¿Hasta dónde ha logrado Mc Cain distanciarse del gobierno republicano de Bush? Harto difícil responderlo. Tan sólo me atrevo a afirmar que Mc Cain ha sido un senador independiente como ninguno. Hace pocos días recordó, por ejemplo, que él había advertido en el año 2005 el problema que se estaba acunando con las hipotecas, que presentó un plan y que en el gobierno intrascendente  de Bush no lo escucharon.

 

Por el otro lado se acrecientan los temores acerca del radicalismo de Obama. La cadena Fox News presentó un documental el pasado domingo 5 de octubre sobre las amistades islamitas, terroristas, antiestadounidenses de la juventud de Obama que no presagian nada bueno. “Dime con quién andas y te diré quién eres”.